Por ACFIMAN
21 de agosto de 2026
Temas claves
El Niño es inevitable, pero sus impactos son mitigables
La probabilidad de que se produzca un evento muy fuerte durante el otoño de 2026 y el invierno de 2027 es superior al 90 %
Con antecedentes geológicos que se remontan a milenios, registros históricos que datan del siglo XVI y descripciones científicas documentadas desde la década de 1890, El Niño no es un fenómeno desconocido para los seres humanos. Aunque su ocurrencia es inevitable, sus impactos climáticos, sociales y económicos sí pueden mitigarse.
Pronóstico para 2026
Según el Centro de Predicción Climática de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos (EE. UU.), El Niño se fortaleció durante el mes de julio de 2026, mostrando anomalías de temperatura de la superficie del mar por encima de los 2 °C en el océano Pacífico ecuatorial oriental.
“El Niño continuará fortaleciéndose hasta finales de año. Durante la temporada de octubre a diciembre de 2026, existe un 69 % de probabilidad de un evento histórico que superaría la intensidad de eventos de El Niño anteriores desde 1950 (+2.5 °C o más)”, señaló la NOAA el pasado 13 de agosto. En resumen, la NOAA estima que la probabilidad de que se produzca un evento muy fuerte durante el otoño de 2026 y el invierno de 2027 es superior al 90 % en el hemisferio norte.
Súper Niño

La doctora María Eugenia Grillet, Individuo de Número (Sillón X) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN), precisó que algunos modelos sugieren que el episodio actual de El Niño “está en camino de convertirse en el más fuerte en al menos 150 años, con un pico de 3.3 °C de anomalía climática máxima. Por eso, en redes sociales y medios de comunicación lo califican coloquialmente de Súper Niño”.
Si bien se anticipa un Súper Niño histórico, persiste la incertidumbre sobre la magnitud del calentamiento en el océano Pacífico. La profesora e investigadora del Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela (IZET-UCV) acotó que el aumento de la temperatura superficial del mar no implica impactos proporcionales. Sin embargo, indicó que los episodios intensos de El Niño suelen alterar considerablemente la circulación atmosférica global, es decir, el movimiento constante del aire en el planeta.
¿Qué es El Niño?
De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno natural que altera las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial oriental (franja oceánica junto a la línea del ecuador y cerca de las costas de América del Sur), provocando cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas.
ENOS se manifiesta en dos fases opuestas y una condición de neutralidad. La fase cálida (El Niño) se origina cuando los vientos alisios del este se debilitan, mientras que la fase fría (La Niña) se forma cuando estos vientos se intensifican. La transición entre episodios suele registrarse en ciclos de dos a siete años. Por su parte, la fase neutra se presenta cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico tropical oscilan dentro de los promedios climatológicos. En cuanto a su duración, un evento de El Niño suele extenderse entre nueve y doce meses (pudiendo prolongarse de manera excepcional), mientras que La Niña tiende a persistir entre uno y tres años.
Afectaciones glocales

En términos de impacto global, donde El Niño genera sequía, La Niña propicia lluvias e inundaciones, y viceversa. A pesar de que ambos fenómenos alteran los patrones climáticos a nivel regional y global, la WMO aclara que ENOS no afecta a todas las regiones del mundo. “Incluso dentro de una misma región, los impactos pueden ser diferentes. Aun cuando las condiciones son neutras respecto a ENOS, pueden producirse fenómenos meteorológicos extremos”. Por ejemplo, en zonas de América del Sur, África oriental y el sur de EE. UU., El Niño se asocia con un aumento de las precipitaciones y las inundaciones; en el este y el norte de Australia, Indonesia, el sur de África y partes del sur de Asia, El Niño causa condiciones de sequía, mientras que en el océano Atlántico reduce la actividad de huracanes.
En Venezuela, El Niño provoca una masa de aire seco descendente que reduce drásticamente las precipitaciones, acentuando las sequías y el déficit hídrico. Por el contrario, La Niña intensifica el paso de ondas tropicales, promoviendo lluvias más abundantes y atenuando la estación seca.
El Niño, otra vez en Venezuela
Los registros oficiales de la WMO y la NOAA destacan los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 como episodios de El Niño de intensidad extrema (clasificados dentro de los rangos superiores a +2 °C de anomalía térmica).

Además de esos eventos, Venezuela vivió los efectos de El Niño entre 2009 y 2010, causando una de las sequías más prolongadas en el país, lo que ocasionó un descenso histórico en la cota del embalse de Guri (Central Hidroeléctrica Simón Bolívar) y conllevó medidas institucionales de racionamiento de electricidad y del servicio de agua. Luego, El Niño de 2023-2024 produjo un déficit de lluvias acumuladas y un notable aumento de las temperaturas medias, acelerando la desecación de suelos y la ocurrencia de olas de calor severas y marcando lo que la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de EE. UU. (NASA, por sus siglas en inglés) llamó “la continuación de una temporada de incendios récord en Venezuela”.
Este mes de agosto, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) de Venezuela, citando datos del Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (Ciifen) y la NOAA, confirmó la consolidación del fenómeno durante el segundo semestre de 2026, con proyecciones de una intensidad de rango “muy fuerte” hacia el último trimestre del año.
Sectores clave
En el territorio venezolano, El Niño ocasiona un déficit pluviométrico significativo durante la temporada lluviosa en las regiones nororiental, central, llanos centrales y llanos occidentales. Este patrón se acompaña de un incremento de la temperatura media de 1 °C a 3 °C por encima del promedio climatológico de referencia, agudizando las olas de calor con un impacto directo sobre la salud. Asimismo, disminuye el aporte de agua a las cuencas estratégicas —lo que compromete los embalses vitales para la generación hidroeléctrica y el consumo humano— y acelera la desecación de la vegetación, aumentando la vulnerabilidad ante incendios forestales y afectando las cosechas y la producción agrícola.

La temperatura promedio anual del mar en las costas venezolanas suele oscilar entre 26.5 °C y 28.5 °C. Para este evento de El Niño, la doctora Grillet informó que se espera un incremento de al menos 4 °C por encima de ese rango (lo habitual es un aumento de entre 1 °C y 3 °C).
La académica de la ACFIMAN explicó que “los ciclos semestrales, anuales e interanuales caracterizan fuertemente la variabilidad meteorológica y climática en Venezuela”. En promedio, el período comprendido entre abril y noviembre concentra el 88 % de la precipitación media anual del país. A escala global, la posición anual de la Zona de Convergencia Intertropical del Atlántico (ZCIT) determina el patrón general espacial de las precipitaciones en el país. A escala local, esta variabilidad depende de cuatro factores clave: la presencia de las cadenas montañosas, la circulación atmosférica sobre la cuenca amazónica, el tipo de vegetación y las características de la superficie terrestre. “A escala interanual, ENOS es el principal regulador regional del régimen de lluvias en Venezuela”, sostuvo.
El Niño a través de los siglos

Camilo Carrillo (archivohistoricodemarina.mil.pe)
Las primeras observaciones de El Niño se reportaron en el siglo XIX: pescadores del norte de Perú notaron que una corriente cálida aparecía recurrentemente hacia el mes de diciembre, reduciendo la pesca. La bautizaron “El Niño” por el nacimiento de Jesús de Nazaret y la festividad que rodea a esa fecha (Navidad).
Posteriormente, en 1892, el capitán de navío peruano Camilo Nicanor Carrillo Martínez documentó la primera descripción técnica formal de El Niño ante la Sociedad Geográfica de Lima, de la cual fue cofundador. En el artículo “Hidrografía oceánica”, publicado en el Boletín de la Sociedad Geográfica de Lima, Carrillo escribió: “Los marinos paiteños que navegan frecuentemente cerca de la costa y en embarcaciones pequeñas, ya al norte o al sur de Paita, conocen esta corriente y la denominan corriente del Niño, sin duda porque ella se hace más visible y palpable después de la Pascua de Navidad” (Tomo 2, pp. 72-110).
Pero El Niño es todavía más antiguo. La NASA sostiene que este fenómeno “fue identificado y nombrado mucho antes de que la ciencia lo comprendiera”. Según la agencia espacial estadounidense, “se han detectado indicios químicos de mares más cálidos y mayores precipitaciones en muestras de coral y otros indicadores paleoclimáticos desde la última Edad de Hielo”. En el lenguaje común, cuando se habla de Edad de Hielo (la de los mamuts y los neandertales) se hace referencia al último periodo glacial de la Tierra, conocido como glaciación de Würm (en los Alpes europeos) o de Wisconsin (en Norteamérica), que tuvo su punto máximo hace 20 000 años y finalizó hace 11 700 años con el inicio del Holoceno (la época geológica actual).

Prevenible y mitigable
Los expertos subrayan que El Niño no se puede evitar ni detener, pues es un fenómeno de variabilidad oceánica a escala planetaria. No obstante, sus impactos climáticos y socioeconómicos sí se pueden prevenir y mitigar con meses de antelación.
La planificación anticipada basada en ciencia (gestión de embalses, ajuste de calendarios agrícolas, reserva de insumos alimentarios y protocolos de mitigación de incendios) permite reducir sustancialmente los daños operativos y de infraestructura.





