¿Por qué el terremoto de 1766, y no el de 1530, fue útil para la sismología venezolana?
En 2006, el académico José Grases Galofré comparó la información disponible sobre ambos sismos
El primer terremoto desencadenante de tsunami documentado en la América colonial ocurrió el 1 de septiembre de 1530 en lo que hoy se conoce como Cumaná, la capital del estado Sucre. Sin embargo, el terremoto del 21 de octubre de 1766 ⏤cuyo epicentro también se originó en el oriente venezolano⏤ marcó un antes y un después en la sismología nacional. ¿Por qué tuvieron que pasar 236 años para que la ciencia que estudia los terremotos mostrara avances significativos en el país? La pregunta fue respondida hace dos décadas por el doctor José Grases Galofré, Individuo de Número (Sillón XV) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (ACFIMAN).
En el artículo “El terremoto del 21 de octubre de 1766. Inicio de la sismicidad histórica en Venezuela”, publicado en el Boletín de la ACFIMAN (Volumen: LXVI, Número: 1-2, Año: 2006, Páginas: 15-44), el académico explicó que, “por razones del limitado crecimiento poblacional del país y carencia de testimonios escritos, la historia sísmica de Venezuela desde inicios del siglo XVI (1530) hasta este gran sismo del siglo XVIII, se constriñe a escuetas descripciones, generalmente puntuales, de eventos sentidos o destructores”. De allí que el primer mapa de isosistas ⏤las isosistas son líneas curvas que unen puntos con la misma intensidad sísmica, similar a un mapa de calor⏤ haya sido elaborado por Günther Fiedler en 1961 para el terremoto de 1766, y no para el de 1530, hecho que sirvió de base para la “sismicidad histórica utilizable” o “aprovechable”, en palabras del doctor Grases.
Efectos y curiosidades del terremoto de 1766

Mapa de isosistas, modificado de Fiedler, 1961 (Grases, 2006)
Citando los registros conocidos, el doctor Grases recordó que el terremoto de 1766 despertó a la población antes del amanecer y afectó no solo a Sucre (Cumaná, Soro y Macuro), sino que además causó daños en la actual isla de Margarita (Pampatar), Trinidad (todavía bajo el dominio de la corona española) y Caracas, donde fue bautizado como el Terremoto de Santa Úrsula de Colonia por haber coincidido con el día en que la Iglesia católica honra a esta mártir princesa del siglo IV.
En Caracas, situada a unos 200 kilómetros (km) del epicentro, las estructuras más altas (iglesias, templos y conventos) fueron las más perjudicadas. Más lejos aún, cerca de la confluencia entre los ríos Orinoco y Capanaparo, a 400 km del epicentro del fuerte sismo, “desapareció un islote y en sus riberas se describen fenómenos propios de licuación del terreno”, puntualizó el académico de la ACFIMAN. En partes del oriente y sur del delta del Orinoco, “las réplicas fueron muy frecuentes hasta 14 meses después”, y la reconstrucción de viviendas y otras edificaciones empezó a mediados de 1767.
Algo curioso para el también Individuo de Número (Sillón VIII) de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat es que los documentos de la época “no hacen mención alguna a pérdidas de vidas, hecho éste que no puede ser ignorado si se tiene presente la hora de ocurrencia del evento principal”. Otra “observación interesante” del ingeniero civil egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) es que, “en lugares distantes de la zona epicentral, las descripciones permiten identificar la llegada de un primer ‘tipo’ de movimiento ‘vertical’, seguido, después de una pausa, por otro ‘ondulatorio como las olas del mar”.
Lo aprendido
El doctor Grases concluyó que la información recabada tras el terremoto de 1766 “ha contribuido a una estrategia preventiva más amplia (…) que se refleja en las normas vigentes”.
En la actualidad, la Norma COVENIN 1756-1-2019 (“Construciones sismorresistentes: Parte 1. Requisitos”) constituye el marco regulatorio oficial en Venezuela para el análisis, diseño, construcción y evaluación de edificaciones sujetas a acciones sísmicas, reemplazando la versión del año 2001 (referenciada por el autor en el Boletín de la ACFIMAN). La norma del 2019 rige para las “edificaciones de vivienda, oficinas, comercios, naves industriales, hangares, escuelas, hospitales, teatros, iglesias, entre otras, de comportamiento tipificable, construidas con los materiales permitidos (concreto, madera, adobe, aluminio, acero doblado en frío), empleando las normas de diseño respectivas y cuyo desempeño sísmico previsto corresponda a tres grados de amenaza sísmica denominados Sismo de Diseño, Sismo Extremo y Sismo Frecuente”, se lee en el resumen del documento.





