“Soy un ecotono más”: el viaje multidisciplinario de Alicia Villamizar al Sillón XVIII de la ACFIMAN
La profesora de la USB oficializó su incorporación como Individuo de Número
El manglar no es mar ni es tierra firme: es el abrazo donde ambos mundos se encuentran. En esa frontera líquida conviven la raíz sumergida, el pez de sombra y el ave de paso, habitando un territorio con pulso propio que se reinventa con cada vaivén de la marea. Un manglar es un ecotono, es decir, una zona de transición y tensión ecológica entre dos o más comunidades biológicas distintas. Por manglares ⏤muchos, variados⏤ ha transitado la doctora Alicia Villamizar, incorporada oficialmente como Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (ACFIMAN).
“Soy un ecotono más, tan complejo y difícil de categorizar como el ecotono manglar que estudio”, afirmó la académica durante la sesión solemne celebrada el pasado 28 de octubre en la Sala Francisco de Miranda (Sala E) de la Universidad Central de Venezuela (UCV). La sede habitual para estos eventos, el Palacio de las Academias, permanece cerrada tras los severos daños estructurales causados por los terremotos del 24 de junio. Así, este recinto universitario se transformó en “un espacio de luz, una luz que no disipa —no tiene el poder que quisiéramos— el duelo vivo (…) ante la ausencia de los que se fueron, de los que aún no aparecen, de los que se llevaron como escombros y de las penurias de los que sobreviven en vergonzosos campos de refugiados”.
Sillón de grandes figuras

La Dra. Alicia Villamizar pronuncia su discurso de incorporación
A través de la metáfora del viaje, la profesora titular a dedicación exclusiva de la Universidad Simón Bolívar (USB) reconstruyó casi un siglo de historia del Sillón XVIII. Su recorrido inició con el médico Rafael Requena González, miembro fundador de la ACFIMAN; continuó con los ornitólogos y empresarios William H. Phelps y William H. Phelps Jr., y terminó con el químico Gabriel Chuchani. De cada uno esbozó sus orígenes y contribuciones más relevantes para el país, destacando los hitos científicos que marcaron sus trayectorias.
Su predecesor inmediato
Del doctor Chuchani, su “más cercano predecesor en el Sillón XVIII”, la académica destacó su impronta multicultural: un niño de familia judía y origen persa que desembarcó en Venezuela procedente de Jerusalén. “Su historia de migrante me prenda, y alargo mi travesía para tratar de imaginar cuántos Gabriel vinieron en ese buque. ¿Cuántos miles más de inmigrantes han contribuido a nuestra ciencia y cultura durante la escala temporal de los últimos cien años?”.
Entre los numerosos aportes científicos del doctor Chuchani, “esas riquezas cuyo brillo solo privilegiados ven y valoran”, la oradora destacó la resolución de procesos de eliminación térmica en fase gaseosa de compuestos orgánicos, el diseño de metodologías para medir la velocidad de reacciones moleculares complejas, la introducción del análisis matemático-físico en las estructuras de carbono en el país, y la síntesis de compuestos de antimonio para combatir la bilharzia y la leishmaniasis. Además de su dilatada labor docente y formadora de nuevas generaciones, fundó laboratorios insignia como el Centro de Química del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) —bautizado recientemente con su nombre— y el Departamento de Química de la Fundación Luis Roche. Para la doctora Villamizar, su legado “puede definirse bajo un enfoque de rigor, institucionalidad y atemporalidad. Su visión rinde frutos tangibles”.
Politeísmo académico
El foco narrativo de su discurso de incorporación se desplazó hacia la esfera íntima y profesional. Hija de madre barinés —maestra y pintora— y de padre tachirense —”médico cardiólogo, viajero, historiador, amante de Bolívar y, ambos, devotos de José Gregorio Hernández”—, la académica es licenciada en Biología por la Universidad Simón Bolívar (USB), casa de estudios donde también obtuvo su maestría en Ciencias Biológicas y su doctorado en Desarrollo Sostenible. Desde 1995 se desempeña como profesora e investigadora del Departamento de Estudios Ambientales de dicha institución, además de ser fundadora y jefa del Laboratorio de Ecología de Manglares y Cambio Climático, un espacio al que define cariñosamente como “la Simón, mi Alma Mater Studiorum (madre nutricia de los estudios)”.

Juramentación de la Dra. Alicia Villamizar por parte de la presidenta de la ACFIMAN, Dra. Alicia Ponte-Sucre, y el Dr. Claudio Bifano

Sus referencias literarias (Lope de Vega, Shakespeare, Dostoyevski, Bachelard, entre otros) revelan la densidad de una prosa que coquetea abiertamente con la poesía. De esa libertad estilística se valió para autodefinirse como “ecólogo politeísta”, una forma provocadora de reivindicar la multidisciplinariedad y la complementariedad entre las ciencias exactas, naturales y sociales frente al dogmatismo parcelado. “Cada disciplina tiene sus dioses con poderes separados; y cada una nos cuenta cómo, a partir de su interacción, moldearon el mundo que conocemos”.
De su “politeísmo académico” hizo alarde para llamar la atención sobre la actual supremacía de lo tecnológico en detrimento de lo experimental. “Tuve la fortuna de haber estudiado en una época durante la cual las salidas de campo contaban con los apoyos logísticos necesarios, como corresponde. Hoy, ese componente que se pretende minimizar y hasta sustituir con tecnología virtual podría incluso comprometer la formación y el desarrollo de la necesaria experiencia de campo para que un biólogo ascienda a ecólogo”.
También tuvo palabras para la ACFIMAN, cuya Secretaría Académica de Cambio Climático (SACC) “elevó a la ‘n’ mi carácter politeísta, al permitirme interactuar con nuevas celdillas de ‘poderes’ que, al día de hoy, hemos conectado para contribuir con el mundo científico del clima, en y para Venezuela”. Coordinar los Reportes de Cambio Climático de la SACC ha significado uno de los mayores retos para su mapa mental, al exigirle “un nivel de conectividad sistémica que mantiene a prueba mi capacidad para construir una visión de conjunto, coherente y comprensible entre temas tan complejos y distintos”.
Al mangle se debe
Finalmente, cerró su discurso con el protagonista de su viaje: los manglares. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), los manglares son uno de los ecosistemas costeros más valiosos del planeta. “Albergan una rica biodiversidad, protegen las costas frente a tormentas y la erosión, almacenan grandes cantidades de carbono y sustentan los medios de vida de millones de personas”, se lee en el sitio web de la Unesco.

A lo largo de su carrera, la doctora Villamizar ha estudiado diversos aspectos de esta vegetación en Venezuela —conocidos genéricamente como mangles—, tales como la tolerancia a la inundación, la dinámica de los ensamblajes de especies, la formación de nuevos sustratos biogénicos y la estabilidad del hábitat frente a los cambios en el nivel del mar. De acuerdo con el Instituto Nacional de Parques (Inparques), las áreas más vastas de manglares del territorio nacional se ubican en su extremo oriental: el delta del río Orinoco (que abarca los estados Monagas, Delta Amacuro y Sucre), el río San Juan (Monagas) y el golfo de Paria (Sucre).
Para la académica, el estudio de los manglares no solo es imperativo por el peso específico que poseen para la biodiversidad venezolana y la cuenca del mar Caribe. Los manglares son “ambientes oceánicos geoestratégicos que definen límites territoriales sensibles, susceptibles de desaparecer por eventos naturales o inducidos —como en Isla de Aves y en Los Roques, por ejemplo—, cuyas consecuencias, a pesar de estar estudiadas y haber sido informadas a los tomadores de decisión, no trascienden los discursos oficiales de soberanía”, dijo.
Un mangle para la eternidad
Nacida en Turmero, “la tierra de los samanes”, en el estado Aragua, la doctora Villamizar adoptó a Caracas y a su emblemático cerro Ávila como “mi montaña mágica sanadora”. Sin embargo, confesó que, al final de sus días, sus cenizas “serán parte de un árbol fuerte; quizás de un mangle, un samán o un cují”. De esto no tiene la menor duda.
La crónica, una vieja conocida

El Dr. Eduardo Buroz pronuncia el discurso de contestación
El discurso de contestación estuvo a cargo del doctor Eduardo Buroz, Individuo de Número (Sillón V) de la ACFIMAN. De entrada, confesó su profunda admiración por las “palabras hilvanadas en una prosa elegante” de la doctora Villamizar, destacando su “habilidad de cronista” para narrar las travesías, propias y ajenas, en el intrincado universo de la ciencia. “La crónica es una vieja conocida de la investigación científica”, señaló el académico al introducir una amplia reflexión sobre el relato de viajes como herramienta de indagación, evocando figuras que van desde Américo Vespucci y Alejandro de Humboldt hasta las expediciones históricas de los Phelps. “La ACFIMAN, en su ley de creación, los reconoció y los llamó naturalistas”, debido a su inagotable “curiosidad por observar, registrar, analizar y procurar comprender el mundo natural con una amplitud sorprendente”.
Conocimiento como sustancia moral
Al reflexionar sobre la actual coyuntura nacional, signada por una diáspora que alcanza a un tercio de la población, el doctor Buroz planteó que la nación debe concebirse más allá de sus fronteras físicas, como “una nación transterritorial” y “desterritorializada”. Para el académico, este desplazamiento no fragmenta el tejido social, sino que consolida una comunidad unida por “la cultura, la nostalgia y los lazos morales”, demostrando que la pertenencia se sostiene en “la persistencia de nuestra identidad compartida”.
Frente al distanciamiento del Ejecutivo nacional y la omisión de los aportes técnicos hechos desde la ACFIMAN, advirtió que la corporación no puede replegarse en el aislamiento; por el contrario, surge un ineludible “imperativo ético de volcar su saber de forma directa e irrestricta hacia la sociedad civil en su sentido más amplio. El conocimiento es la sustancia moral e intelectual que sostiene a la nación y es a esa nación, viva, extendida y consciente a quien nos debemos en última instancia”.
Pluralidad del saber

El doctor Buroz profundizó en el valor conceptual del “politeísmo académico”, emparentando la idea con la sociología de Max Weber para fundamentar la urgencia de acudir a diversos saberes en las fronteras o ecotonos del conocimiento. A su juicio, la doctora Villamizar entiende la ciencia como un ejercicio de complementariedad donde cada disciplina revela un matiz particular de una misma realidad: la física para descifrar la cinética, la ecología para explicar la dinámica estuarina o las ciencias sociales para interpretar la conducta humana. Así, este enfoque integrado se convierte en un antídoto contra el dogmatismo parcelado al impulsar “el diálogo fértil entre saberes, bibliotecas, bases de datos y enfoques teóricos diversos”, consolidando “la aceptación rigurosa de la pluralidad del saber”.
Finalmente, sostuvo que el discurso de incorporación de la investigadora conducía de forma transparente a dos virtudes fundamentales: “Fe en la suma de muchos para crecer en saberes y constancia en las ideas y propósitos para concretar realidades”.
Como corolario de una sesión solemne a casa llena y colmada de emotividad, el académico anunció “con satisfacción y orgullo” que la doctora Villamizar será incorporada como Miembro Honorario de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, institución de cuya Comisión de Ambiente ya se desempeña como comisionada.
Fotografías: Cortesía Vale TV Red Canal 5





