Sulfato de magnesio y preeclampsia: la paradoja de un tratamiento esencial que la ciencia aún descifra
La ACFIMAN dictó un seminario en el que se abordaron los avances moleculares de esta terapia
De mineral rutinario a fenómeno del bienestar, el magnesio se ha posicionado en Internet como el remedio definitivo contra la fatiga, el insomnio, la ansiedad y el deterioro cognitivo. Sin embargo, hablar de “magnesio” en general es un error: existen distintas sales de magnesio y el organismo no las aprovecha de la misma manera. Urge separar la narrativa comercial de la evidencia científica, especialmente al evaluar su papel en condiciones médicas complejas como la preeclampsia.
La preeclampsia es una complicación caracterizada por hipertensión arterial (presión mayor o igual a 140/90 mmHg) a partir de la semana 20 de gestación. Puede estar acompañada de uno o más de los siguientes signos: proteinuria (proteína en orina mayor o igual a 0,3 g/24 horas), bajo recuento de plaquetas, daño renal o hepático, entre otros. En el contexto de la preeclampsia, el magnesio no se utiliza como suplemento nutricional ni por vía oral, sino que se administra exclusivamente como sulfato de magnesio (MgSO₄), por vía intravenosa y en un entorno hospitalario para prevenir convulsiones (eclampsia).
Beneficios comprobados

Durante un seminario organizado por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN), el doctor Reinaldo Marín, investigador titular emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), explicó que el tratamiento de la preeclampsia con características graves incluye, además de reposo por parte de la paciente, fármacos antihipertensivos (como labetalol, nifedipina y metildopa) y anticonvulsivantes, entre los cuales figuran el diazepam, la fenitoína y el MgSO₄. De hecho, la terapia con MgSO₄ es ampliamente utilizada como tratamiento esencial de primera línea para prevenir y controlar las convulsiones en la preeclampsia grave.
Hasta ahora, se sabe que el sulfato de magnesio “es mucho más eficiente que el diazepam y la fenitoína, además de tener otros efectos favorables”, indicó el doctor Marín en su presentación. Como beneficios del sulfato de magnesio, citó el aumento del flujo sanguíneo cerebral (más oxígeno y nutrientes al cerebro) y una mayor protección contra daños mediados por radicales libres (disminución del estrés oxidativo). También mencionó la reducción de la vasoconstricción en la placenta (mejora el suministro de nutrientes para el bebé), un menor riesgo de parálisis cerebral en prematuros (protege el desarrollo del sistema nervioso infantil), una mayor dilatación de las arterias coronarias (facilita el riego sanguíneo en el corazón) y función tocolítica (reduce las contracciones del útero para retrasar un parto prematuro). “Sobre el mecanismo de acción del sulfato de magnesio se saben algunas cosas, pero se desconoce exactamente lo que hace a nivel molecular”, dijo.
Descifrando el enigma
Durante un embarazo normal, fluye abundante sangre rica en oxígeno y nutrientes hacia la placenta sin aumentar la presión arterial de la madre, garantizando el desarrollo fetal óptimo. En la preeclampsia, la placenta recibe un menor flujo sanguíneo y, por ende, menos oxígeno. Como consecuencia, libera sustancias dañinas al torrente sanguíneo materno, lo que desencadena inflamación generalizada, hipertensión arterial y daño renal en la mujer.

Lámina presentada durante el seminario de la ACFIMAN
En el Laboratorio de Bioenergética Celular del IVIC, el equipo liderado por el doctor Marín evaluó cómo la terapia con MgSO₄ influye en dos procesos celulares críticos: la peroxidación lipídica —el deterioro u oxidación de los lípidos que forman a las membranas plasmáticas de las células— y la función de la Ca²⁺-ATPasa o bomba de calcio —proteína clave que regula los niveles intracelulares de calcio para evitar que los músculos de las arteriolas se contraigan en exceso y se eleve la presión arterial.
En una primera fase, analizaron muestras de sangre de gestantes normotensas (con presión arterial estable de manera sostenida) y de gestantes preeclámpticas, antes y después de la terapia con MgSO₄, ingresadas en la Maternidad Concepción Palacios en Caracas. “De acuerdo con los resultados obtenidos después de la terapia con MgSO₄, los valores de peroxidación lipídica y Ca²⁺-ATPasa se acercaron al de las gestantes normotensas”, señaló el experto del IVIC.
¿Radicales libres?
Posteriormente, llevaron a cabo ensayos in vitro utilizando preincubaciones con sulfato de magnesio de glóbulos rojos de gestantes normotensas y de gestantes preeclámpticas. Transcurridas las primeras veinticuatro horas, observaron que, en las gestantes preeclámpticas, el sulfato de magnesio disminuyó la peroxidación lipídica y aumentó la actividad de Ca2+-ATPasa. Por su parte, en las gestantes normotensas, los valores no mostraron cambios.
“Se pudiera pensar que el sulfato de magnesio está interactuando con los radicales libres directamente (haciendo las veces de antioxidante para proteger a las células) o con las especies reactivas de oxígeno (es decir, interrumpiendo las reacciones químicas que producen las moléculas dañinas)”, precisó el doctor Marín.
En el embarazo, la producción de radicales libres aumenta de forma natural. Las gestantes normotensas cuentan con una capacidad antioxidante elevada que les permite neutralizarlos con eficacia. En las mujeres con preeclampsia, este escudo protector colapsa: la sobreproducción masiva de radicales libres supera las defensas maternas, provocando una caída sustancial en su capacidad antioxidante y dejando a las células expuestas al deterioro.
Según los resultados de los ensayos in vitro con el radical libre galvinoxilo, este no parece interactuar con MgSO₄. “Quisimos ir más allá y analizar si el MgSO₄ interactuaba con otro radical libre, el hidroxilo, empleando quimioluminiscencia aumentada de luminol”, explicó en el seminario de la ACFIMAN el ganador del Premio Fundación Empresas Polar “Lorenzo Mendoza Fleury” 2024. El resultado: hay una aparente interacción entre el MgSO₄ y el radical libre hidroxilo.
Modelaje molecular

Parte de la exposición del Dr. Marín
No conforme con este avance, el doctor Marín acudió al Laboratorio de Química Computacional del IVIC, donde los doctores Fernando Ruette y Miguel Fernández realizaron un modelaje molecular para estimar la interacción entre el sulfato de magnesio y el radical libre hidroxilo. La simulación fue concluyente: el sulfato de magnesio sí interactúa con el radical libre hidroxilo, “permitiendo la restauración de las membranas plasmáticas oxidadas. Este efecto antioxidante del sulfato de magnesio permite explicar, desde un punto de vista molecular, su efectividad en el tratamiento de las gestantes con preeclampsia con características graves”, afirmó el doctor Marín.
A pesar de sus probados beneficios, el sulfato de magnesio conlleva riesgos de toxicidad (puede producir paro respiratorio o cardíaco cuando la concentración en sangre es muy alta) y no puede ser suministrado por vía oral debido a su efecto laxante. “En nuestro laboratorio, hemos probado otra sal de magnesio, el gluconato de magnesio, en un modelo animal bajo condiciones de preeclampsia, y funciona bastante bien, muy parecido al sulfato de magnesio por vía endovenosa”, sostuvo el investigador del IVIC.
¿Panacea?

Las embarazadas no son las únicas que deben cuidar sus niveles de magnesio, llamado coloquialmente “sal mágica” o “piedra filosofal”. Aunque no cura enfermedades por sí solo, es un mineral indispensable para la vida: garantiza la estabilidad del ADN y el ARN, interviene en la producción de energía celular, modula los sistemas nervioso y muscular y regula la presión arterial.
De forma natural, el magnesio abunda en vegetales de hoja verde oscura, frutos secos, semillas, legumbres, cereales integrales, frutas como el cambur y el aguacate, así como en el cacao puro y el chocolate negro. Cuando la ingesta dietética es insuficiente o existen requerimientos clínicos específicos, la suplementación se transforma en una herramienta clave, siempre bajo estricta supervisión médica.





