Artemis II: ¿el regreso a la Luna debería ser parte de nuestra conversación cotidiana?
Ningún ser humano había viajado al satélite natural desde el alunizaje de Apolo 17 en 1972
Fue la musa que inspiró a Georges Méliès a incrustar un cohete espacial en el “ojo derecho” de la Luna; la misma que usó Pink Floyd como metáfora de la locura y la ambición; esa que Federico García Lorca personificó como una bailarina mortal y mística y que convirtió a Julio Verne en visionario y “clarividente”; aquella que, sumido en la depresión, pintó Vincent van Gogh de un amarillo intenso en medio de un cielo estrellado y en espiral.
La respuesta corta al titular de este artículo es: sí, la misión Artemis II, que le permitió a la civilización humana volver a la Luna en más de medio siglo (aunque sin aterrizar sobre su superficie, como lo hiciera con Apolo 17 en 1972), debería ser parte de nuestra conversación cotidiana. Al menos cinco razones justifican esa afirmación.
1. Conocimiento como medio y fin

Cápsula Orión (Cortesía: NASA)
Orión, construida por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) y el contratista Lockheed Martin, despegó el 1 de abril de 2026 a bordo del cohete de carga pesada más potente de la NASA, el Space Launch System (SLS), con cuatro astronautas en su interior, incluyendo a la primera mujer y al primer afroamericano en alcanzar la órbita lunar.
Orión es la única nave espacial capaz de realizar vuelos tripulados al espacio profundo y regresar a la Tierra a alta velocidad desde las proximidades de la Luna. Está compuesta por 355 056 piezas individuales de 77 150 tipos diferentes, según la NASA.
Científicos expertos en cráteres de impacto, vulcanismo, tectonismo y hielo lunar proporcionaron análisis de datos en tiempo real y orientación desde el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas, Estados Unidos (EE. UU.). Por su parte, el comandante, el piloto y los especialistas de misión usaron cámaras sofisticadas para capturar las características geológicas de la Luna, información que les permitirá participar en investigaciones pioneras. Mucha ciencia en tierra y fuera de ella.
Los programas enfocados en superar la órbita baja terrestre (la zona donde se encuentran la mayoría de los satélites artificiales y la Estación Espacial Internacional) “tienen como objetivos básicos la ciencia y la exploración”, explicó el doctor Ismardo Bonalde, Individuo de Número (Sillón XXX) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN), e investigador titular y jefe del Laboratorio de Temperaturas Bajas y Licuefacción y de la Unidad de Gases Licuados del Centro de Física del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).
Una osadía

De izquierda a derecha: Christina Hammock Koch, Jeremy Hansen, Victor Glover y Reid Wiseman (Cortesía: NASA)
Detrás de las misiones espaciales hay, principalmente, “física newtoniana, la misma que se requiere para construir edificios y puentes”, indicó el doctor Willians Barreto, investigador asociado del Centro de Física del IVIC y profesor titular jubilado del Departamento de Física de la Universidad de Los Andes (ULA). El éxito de la travesía y la seguridad de los astronautas depende de “tecnología fundamentada en el electromagnetismo, la relatividad y la cuántica. Es un gran esfuerzo colectivo, basado en el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico”.
Para viajar fuera del planeta se requieren numerosos cálculos, datos, correcciones relativistas para la sincronización de relojes, sistemas de posicionamiento, tecnología cuántica “y, como es de esperar en estos tiempos, un ‘copiloto virtual’ de Inteligencia Artificial (IA) para evaluar y prever en tiempo real posibles escenarios. Con todo, el espacio no es 100 % predecible; siempre hay riesgos. Es toda una osadía”, afirmó el doctor Barreto.
2. Cooperación ultraterrestre
En su sitio web, la NASA sostiene que “la cooperación internacional en el espacio no solo tiene como objetivo impulsar la exploración espacial, sino también fortalecer las relaciones pacíficas entre las naciones”.
En 2020, tres años después de la creación del programa Artemis, la NASA, conjuntamente con el Departamento de Estado de EE UU. y siete naciones firmantes iniciales, estableció los Acuerdos de Artemis, un conjunto de principios comunes “para mejorar la gobernanza de la exploración civil y el uso del espacio ultraterrestre”. Hasta el 26 de enero de 2026, 61 países lo habían suscrito, se lee en su sitio web.
Artemis II reunió a tres agencias espaciales: la estadounidense NASA, incluyendo 11 contratistas principales con más de 2700 proveedores en 47 estados de EE. UU.; la europea ESA (European Space Agency), conformada por 23 Estados miembros, y la canadiense CSA (Canadian Space Agency).
“No es una misión más para llegar a la Luna: es una misión de cooperación global y datos abiertos, acorde a los nuevos tiempos de IA y tecnología cuántica. Estos grandes desafíos suelen transferir a la sociedad los mayores avances tecnológicos”, aseguró el doctor Barreto.
3. Poder político, ciertamente

Lanzamiento de Artemis II (Cortesía: NASA/Joel Kowsky)
El conocimiento y la cooperación internacional no son los únicos combustibles que empujaron a Artemis II. “Por muchas décadas más, estos programas se mantendrán en el contexto de la ciencia y la política”, reconoció el doctor Bonalde, académico de la ACFIMAN. “La búsqueda por conquistar el espacio y qué nación logra primero un objetivo particular son esencialmente las fuerzas motoras del desarrollo espacial de este tipo”.
Estados Unidos es el líder indiscutible en cuanto a hitos operativos inmediatos, mientras que China es la potencia con el crecimiento más constante y metódico.
China
El gigante asiático tiene el vehículos robóticos (rover) Yutu-2 operando en la cara oculta de la Luna desde 2019 (un récord de longevidad increíble) y ha mantenido una presencia robótica sostenida con sus misiones Chang’e. En Marte, logró un hito histórico en 2021 al aterrizar el rover Zhurong (misión Tianwen-1). Sin embargo, en 2022 el robot entró en “hibernación” para sobrevivir al invierno marciano y no volvió a despertar debido a la acumulación de polvo en sus paneles solares.
EE. UU.
Hasta hace muy poco, su presencia en la Luna era básicamente orbital (satélites). Aunque retomó el contacto con la superficie lunar mediante empresas privadas, no ha tenido un rover operativo de larga duración. Con respecto al planeta rojo, es el único país con robots activos y en funcionamiento sobre la superficie de Marte. Curiosity (desde 2012) y Perseverance (desde 2021) siguen recorriendo el suelo marciano y enviando información diariamente.
El doctor Bonalde recordó que los últimos eventos de impacto fueron las misiones lunares Chang’e 6 de China, que en 2024 aterrizó, recogió muestras y regresó a la Tierra desde la cara oculta de la Luna; y Artemis II de la NASA, que el 6 de abril de 2026 alcanzó el récord de 406 778 kilómetros de distancia de la Tierra, lo más lejos que ha estado la humanidad de su hogar y fuente de vida. Ambos países no solo planean llevar seres humanos a la superficie lunar: tanto China (con el apoyo de Rusia, rezagada en esta nueva carrera espacial) como EE. UU. pretenden construir instalaciones permanentes en la Luna antes de enviar seres humanos a Marte, el primero con la Estación Internacional de Investigación Lunar y el segundo con el Campamento Base Artemis.
4. Nuevos y conocidos recursos

Ocaso o puesta de Tierra desde Orión (Cortesía: NASA)
La baja gravedad y el vacío casi perfecto en la Luna permitirían fabricar aleaciones metálicas imposibles de mezclar en la Tierra, así como cristales para medicamentos con una pureza extrema, sin las deformaciones que causa la gravedad terrestre.
Escondido en el fondo de cráteres lunares que nunca ven la luz del sol hay hielo de agua, del que se pudiera extraer hidrógeno para fabricar combustible de cohetes y oxígeno para respirar y como comburente. Además, el suelo lunar (regolito) es rico en metales como hierro, aluminio y titanio, ideales para construir refugios mediante impresión 3D; y contiene Helio-3, un isótopo rarísimo en nuestro planeta, considerado el combustible limpio del futuro que “cambiaría la dinámica geopolítica energética”, precisó el doctor Barreto, investigador del IVIC. “Con una tonelada de Helio-3 se pudiera energizar a todo un país por un año entero, pero, en la actualidad, no es una solución energética real, sino una apuesta científica a largo plazo. El Helio-3 sería el ‘oro’ del futuro y el agua lunar el ‘petróleo’ del presente”, dijo.
El doctor Bonalde se mostró cauteloso sobre las implicaciones que tendrían los programas espaciales en la economía global, restringiéndolas “a los países donde se llevan a cabo y al desarrollo tecnológico de dichos programas. Esperar el desarrollo de otras industrias y la extracción de materiales a gran escala en la Luna o Marte parece inverosímil en los próximos años. Apenas se está resolviendo cómo transportar seres humanos en un número muy reducido”.
5. ¿Hasta el infinito y más allá?
La Luna ya no es la meta, sino una etapa del camino para conocer Marte. El interés se relaciona “con una mayor seguridad y ventajas logísticas. Se trata de reducir los riesgos a la exposición prolongada (muchos meses) a la radiación interestelar, al tiempo que se ahorra combustible durante el lanzamiento debido a la menor gravedad en la Luna”, explicó el doctor Bonalde. “Aunque los principios físicos son los mismos, el costo energético de hacerlo desde el ‘trampolín lunar’ sería sustancialmente menor”, coincidió el doctor Barreto.
¿Para qué viajar hasta Marte? Científicamente, es el lugar más viable para descubrir si la vida es exclusiva de la Tierra o si pudo florecer en otro mundo, dado su pasado con agua líquida y atmósfera. También es la respuesta a esa curiosidad instintiva que nos empuja a explorar lo desconocido para evitar el estancamiento y expandir los límites de lo que consideramos viable, “con el claro propósito de llegar cada vez más lejos”, comentó el doctor Barreto.

A la izquierda, el lado oscuro o oculto de la Luna (Cortesía: NASA)
Venezuela en el mapa del universo
Según el doctor Bonalde, en vista de que Venezuela carece de un desarrollo espacial de tal envergadura, a la sociedad venezolana “nos toca aprovechar el efecto indirecto y a largo plazo de ese conocimiento universal y de ese logro trascendental para la humanidad”.
El doctor Barreto confiesa que, en las actuales circunstancias del país, Artemis II “pudiera lucir irrelevante para el ciudadano común. Pero si dejáramos de ver la Luna y las estrellas con asombro, quizás perderíamos parte importante de nuestra humanidad y la conexión con ella. El espacio sideral nos concierne desde siempre”.
La audiencia de Artemis II es un rayito de esperanza para que siga siendo así. La misión superó el récord previo de la NASA que ostentaba la misión Crew Dragon Demo-2 (2020), convirtiéndose en la transmisión en vivo más vista en la historia de la agencia espacial estadounidense. Solo en el canal de YouTube de la NASA, el amarizaje registró un pico de más de 3 millones de espectadores concurrentes el pasado viernes 10 de abril. Si se suman las diversas plataformas de streaming, se estima que el evento en vivo fue seguido por más de 15 millones de personas durante la ventana de reentrada y recuperación de la cápsula Orión.
El ingenio humano se empeña en desafiar las leyes de la naturaleza. El infinito es un límite matemático, pero la imaginación y la tecnología buscan superarlo. Mientras exista un misterio en las estrellas, el ser humano sentirá la obligación ética y existencial de ir a investigar. La humanidad es una especie migratoria para la cual el espacio no es un vacío, sino un lienzo de posibilidades. Para el Homo sapiens, no existen puntos finales en el mapa del universo.
Como dice Buzz Lightyear en la saga Toy Story: “¡Hasta el infinito y más allá!”.

Comandante del Apolo 17, Eugene Cernan, acercándose al vehículo estacionado en la Luna (Cortesía: NASA)
Foto principal: Cortesía NASA





