Defectuoso pero efectivo: lo que se sabe del virus de la hepatitis D

Científicos franceses y venezolanos, entre ellos la académica Flor Pujol, analizan las peculiaridades de este enigmático deltavirus

Así como el pirata intercepta embarcaciones en altamar para adueñarse de bienes valiosos que no le pertenecen, el virus de la hepatitis D espera a que otro virus, el de la hepatitis B, infecte células humanas para propagarse a expensas de él, “robándole” recursos. El virus de la hepatitis D no puede existir sin el virus de la hepatitis B, al igual que un pirata no es nada sin una víctima en el horizonte.

Pero la “piratería” no es la única extravagancia del Hepatitis Delta Virus (HDV): ni siquiera existen estadísticas certeras sobre el número de casos. Al contrario, hay “numerosas lagunas en el conocimiento de la prevalencia real de la infección o exposición al virus de la hepatitis D”, afirman los responsables de un reciente estudio publicado en Viruses, la revista de virología del Instituto Multidisciplinar de Publicación Digital (MDPI, por sus siglas en inglés). La cifra puede oscilar entre los 12 y 60 millones de personas infectadas o expuestas.

La pertinencia

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la coinfección por HDV–HBV es la forma más grave de hepatitis viral crónica debido a su rápida progresión a carcinoma hepatocelular (el tipo más común de cáncer de hígado) y fallecimiento por razones hepáticas (principalmente cirrosis). En 2025, el HDV fue clasificado como carcinógeno para los seres humanos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) de la OMS.

El HDV tiene muchas peculiaridades y puede causar hepatitis fulminante en los pueblos indígenas que viven en nuestra región amazónica. Era pertinente hacer esta actualización del tema”, explica la doctora Flor Pujol, Individuo de Número (Sillón XVI) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN), investigadora titular emérita del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y autora principal del artículo. Junto a la doctora Rossana Jaspe, también investigadora del IVIC, y colegas franceses, escudriñó la replicación de este virus y muchas de las particularidades que caracterizan su historia natural.

Maestro del disfraz

La doctora Pujol recuerda que el virus de la hepatitis D fue descubierto en 1977 por el gastroenterólogo italiano Mario Rizzetto. Analizando biopsias de hígado de pacientes con hepatitis B crónica, Rizzetto notó algo extraño: una proteína desconocida en el núcleo de las células no encajaba con ninguna parte conocida del virus. Como era un componente nuevo, lo bautizó usando la cuarta letra del alfabeto griego: antígeno delta.

Posteriormente, la médico venezolana María Alcalá de Monzón fue de las primeras en conectar el antígeno delta con la mortandad ocurrida en las selvas del estado Zulia. En las comunidades indígenas yukpa de la cuenca del río Palmar y la sierra de Perijá, Alcalá observó que la hepatitis mataba en pocos días. “Acudió desesperada a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) en Atlanta (EE. UU.) y contactó al investigador Stephen Hadler, quien identificó en las muestras de sangre la presencia tanto del virus de la hepatitis B como del recién descubierto antígeno delta”, relata la académica de la ACFIMAN.

Virus “pirata”

A veces, al virus de la hepatitis D se le describe como satélite por su dependencia absoluta del virus de la hepatitis B. A diferencia de otros virus, el HDV es incapaz de fabricar su propia envoltura (la capa externa que le permite entrar a las células). El HDV espera a que el HBV infecte una célula y “se roba» la proteína de superficie del HBV. Gracias al robo de ese “caparazón” molecular, el sistema inmunitario confunde al HDV con el HBV, lo que le permite colonizar nuevas células del hígado.

Defectuoso pero efectivo

¿Por qué el virus de la hepatitis D se apropia de la proteína de superficie del virus de la hepatitis B? Por el tamaño de su genoma: sus escasos 1700 nucleótidos no le alcanzan para “redactar” las instrucciones que le permitan crear una envoltura, sino para codificar solo el antígeno delta. “Es el virus más pequeño conocido capaz de infectar células animales”, precisan los autores en la publicación.

Para tener una idea más clara, el genoma del ser humano tiene más de tres mil millones de nucleótidos, el de algunas plantas supera los cien mil millones de nucleótidos, mientras que el SARS-CoV-2 cuenta con alrededor de treinta mil nucleótidos. “¿Cómo hace para ocasionar tanto daño con tan poca información genética?”, se pregunta la doctora Pujol.

Coexistiendo en la diferencia

A pesar de que el virus de la hepatitis D depende del virus de la hepatitis B para replicarse, “la epidemiología del D no es una copia al carbón del B. Hay regiones con alta prevalencia de hepatitis B y baja prevalencia de hepatitis D”, acotó la miembro de la Academia Mundial de Ciencias (TWAS, por sus siglas en inglés).

Las principales similitudes radican en el modo de transmisión: el virus de la hepatitis D utiliza las mismas rutas de contagio que el virus de la hepatitis B, a saber:

– Sangre (parenteral): la más eficiente, se da por el uso compartido de agujas o instrumental médico mal esterilizado.
– Sexual: menos eficiente, pero sucede con frecuencia.
– Vertical: es posible que la madre se lo traspase al bebé durante el parto, pero es mucho más común que el bebé se infecte primero del virus de la hepatitis B y luego adquiera el virus de la hepatitis D.

Sin embargo, hay dos formas de infección que determinan la gravedad clínica:

– Coinfección: se adquieren ambos virus (B y D) al mismo tiempo. Suele causar una hepatitis aguda muy fuerte, pero el cuerpo a menudo logra eliminarlos simultáneamente.
– Superinfección: un portador crónico del virus de la hepatitis B se infecta después con el virus de la hepatitis D. Este es el escenario más peligroso, ya que casi siempre se vuelve una enfermedad crónica que progresa rápido a cirrosis o cáncer.

Genotipo americano

En su estudio, los científicos del IVIC y de la Universidad Claude Bernard Lyon 1 de Francia explican que la mayoría de los ocho genotipos conocidos del virus de la hepatitis D se encuentran en África, aunque el más divergente (distinto) es el americano (HDV-3). HDV-3 tiene una característica geográfica única: solo se encuentra en la cuenca del Amazonas (Venezuela, Colombia, Brasil y Perú); además, está asociado a los casos más graves de hepatitis fulminante.

La doctora Pujol señala que algunas prácticas pudieran estar contribuyendo a la transmisión inadvertida de los virus de la hepatitis B y D. Hace referencia a un objeto puntiagudo, largo y afilado que los indígenas usan para rascarse o extraer garrapatas de la piel. Las heridas causadas por el frotado intenso con esta varita de madera o caña, conocida como “puyón”, podrían convertirse en puerta de entrada para el virus si se ponen en contacto con sangre o fluidos de alguien infectado. Precisamente, la OMS estima que las poblaciones indígenas forman parte de los grupos de población con más probabilidades de presentar coinfección por HBV y HDV.

¿Es curable la hepatitis D?

Hasta hace poco, el interferón alfa pegilado, medicamento indicado para tratar la hepatitis B y C, era la única opción terapéutica para la hepatitis D crónica, pero la respuesta virológica completa solo se consigue entre el 20 % al 30 % de los pacientes y las recaídas son habituales, reconoce la OMS.

En 2023, la Agencia Europea de Medicamentos autorizó el bulevirtide, un antiviral que inhibe la unión HDV-HBV. De acuerdo con la OMS, este fármaco está contraindicado en casos de cirrosis descompensada, trastornos psiquiátricos activos y enfermedades autoinmunitarias. Si bien ha resultado ineficiente como tratamiento de la hepatitis B, parece dar buenos resultados contra el antígeno delta, “otra peculiaridad del virus de la hepatitis D”, admite la académica de la ACFIMAN.

La vacuna contra el virus de la hepatitis B protege automáticamente contra el virus de la hepatitis D. En Venezuela y muchos otros países, la primera dosis se aplica en las primeras veinticuatro horas de nacido para evitar la transmisión de madre a hijo.

Referencia:

Pujol, F. H., Jaspe, R. C., Roca Suarez, A. A., Batbold, E., Zoulim, F., Testoni, B. y Chemin, I. (2026). Hepatitis D virus: enigmas and gaps of knowledge. Viruses, 18(2), 244. https://doi.org/10.3390/v18020244

Foto principal: Gemini IA Google

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