Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales | Entrevista/Alicia Villamizar: El planeta está cada vez más vulnerable ante el cambio climático
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Entrevista/Alicia Villamizar: El planeta está cada vez más vulnerable ante el cambio climático

Los efectos del cambio climático son cada vez más notorios y Venezuela, por supuesto, no es la excepción.

Alicia Villamizar, Miembro Correspondiente Nacional y fundadora de la Secretaría Académica de Cambio Climático de la Acfiman, comenta que el capital natural del planeta es finito y este “está más vulnerable, menos resistente y resiliente a los cambios que son cada vez más frecuentes e intensos”.

 

¿Lo más preocupante para Venezuela?

De acuerdo con la profesora Titular del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Simón Bolívar, el Estado venezolano no está haciendo su parte para generar las condiciones para que las iniciativas locales y regionales contra el cambio climático se inserten en la infraestructura nacional.

“El cambio climático es un problema de desarrollo ante el cual es necesario formular políticas integrales que contemplen todos los aspectos y que permitan definir medidas que sean buenas y existosas, pero que, a la vez, estén en revisión permanente mediante discusiones entre todos los actores involucrados para cambiarlas o adaptarlas cuando sea necesario”.

¿Cuáles son los efectos más evidentes del cambio climático en Venezuela?

-El primero y más contundente es la pérdida de los glaciares en los Andes venezolanos. Desde el tercer informe del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático, por sus siglas en inglés), en 2007, se advirtió  a los gobiernos de Latinoamérica que el principal impacto en el sur del continente sería la afectación de los glaciares.

Existe evidencia contundente para atribuir la pérdida de los glaciares al cambio climático, es importante destacarlo.

Recientemente estuve en una conferencia del proyecto Los Andes y me impactó lo que dijeron: Venezuela será el primer país andino, y posiblemente también del trópico, en perder los glaciares.

La cobertura de los glaciares venezolanos se ha perdido en 99 por ciento en los últimos 100 años. El glaciar del Pico Bolívar desapareció y el del Pico Humboldt está por hacerlo.

Esto es irreversible aun cuando veamos esas nevadas, que son estacionales, no son suficientes para contrarrestar el efecto de aumento de temperatura que está permanentemente ocurriendo.

Otro problema, igualmente verificable y atribuible al cambio climático, es el aumento del nivel del mar. Aunque es un fenómeno imperceptible, ha tenido impactos en la costa venezolana.

No es reversible, porque no se puede evitar que el mar siga subiendo por los casquetes de hielo polar que ingresan a él debido al aumento de las temperaturas, pero sí es posible adaptarse y prepararse para los efectos que tendrá ese fenómeno.

Cada uno de estos dos eventos desencadenan otros que afectan directamente al país.

En el caso de la pérdida de los glaciares, destaca Villamizar, quien ha sido autor líder del IPCC por veinte años, las previsiones deberían estar enfocadas en cómo afectará la falta de agua en el verano a los ecosistemas aguas abajo, a la agricultura de alta montaña y a los ríos que se surtían de las aguas provenientes de los glaciares.

En cuanto al aumento del nivel del mar, la pérdida de línea costera y la intrusión de agua salina donde antes no la había, “tiene implicaciones para los suelos, y nosotros no nos estamos preparando para afrontarlas”.

A Villamizar, quien es Doctora en Desarrollo Sostenible por la Universidad Simón Bolívar con enfoque en gestión y políticas públicas en cambio climático, le preocupa la falta de información y, sobre todo, “la falta de seriedad en la formulación de políticas centradas en proteger a la población y a hacer los cambios profundos que se requieren. Cada vez que postergamos el cambio, se hará aún más costoso y difícil hacerlo”.

Por ejemplo, ante el aumento de la erosión costera provocada por el aumento del nivel del mar producto del cambio climático, las nuevas construcciones deberían diseñarse para que sean más resistentes a la fuerza de los vientos.

Otro ejemplo, en agricultura, es identificar entre los rubros que son parte de la dieta del venezolano, cuáles son lo más sensibles y cuáles los más resistentes al aumento de la temperatura. “Venezuela se encamina a tener menos lluvias y temperaturas más altas, no se prevé que sea dentro de 200 años, sino pronto; entonces convendría cultivar aquellos rubros más resistentes”.

De Medicina a Biología

Alicia Villamizar debió haber estudiado Medicina, tal como su padre y varios miembros de su familia. “Era mi primera y casi única opción”.

Se inscribió en la Universidad Central de Venezuela (UCV) para estudiar la carrera, pero los problemas derivados de la intervención de la institución la llevaron a la Universidad Simón Bolívar (USB) para estudiar Biología.

En la USB ha hecho toda su carrera académica como estudiante, profesora e investigadora: el pregrado, la Maestría en Ciencias Biológicas y el Doctorado en Desarrollo Sostenible. “La Simón me atrapó y definitivamente decidí que no estudiaría Medicina que me quedaría en Biología”.

Eso sí, procuraba estudiar áreas que se relacionaran con Medicina como reproducción o genética.  Sin embargo, se dio cuenta de que el microscopio no era lo suyo y empezó a interesarse por la biología marina.

“Conocí al profesor Roger Carrillo, quien coordinaba el Laboratorio de Contaminación Acuática, y comencé a trabajar en áreas relacionadas con ecología acuática. Hice mi trabajo de grado en contaminación por metales pesados en ríos, y continué con la Maestría enfocada, sobre todo, en ecología”.

Además de las asignaturas del área marina, cursó otras relacionadas con manejo e impacto ambiental y encontró una oportunidad para trabajar en el Instituto de Recursos Naturales (IRN) de la USB.

“Me vinculé aún más con los estudios de impacto ambiental y áreas marinocosteras. Orienté mis estudios hacia la ecología de los ecosistemas de manglares, representativos del trópico y de nuestras costas, incluyendo la parte ecológica, el análisis de las relaciones de la vegetación de manglares y su ambiente físico, y los impactos de la actividad humana y de los procesos naturales”.

Destaca que trabajar en el IRN le dio ventajas increíbles. “Pude relacionarme con profesionales de diversas disciplinas, de todas las ingenierías, antropología, medicina, geografía, sociología, cuando se conformaban los equipos para trabajar en impacto ambiental. Fue extraordinario porque a pesar de ser bióloga ecóloga, puedo ver mucho más allá gracias a la interacción con otros campos del conocimiento. Este trabajo me dio una gran versatilidad para adecuarme al análisis multidisciplinario”.

¿Quiénes han influido o inspirado su carrera científica?

-En orden cronológico, en cuanto a su impronta en mi formación científica, Pedro Aso, Roger Carrillo, Mirady Sebastiani y Osmar Issa. En relación con mi formación profesional: Haymara Álvarez, Marisol Aguilera y Mirady Sebastiani y el IPCC. Más recientemente, Marino González y la Acfiman.

Manglares bajo amenaza permamente

¿Cuál es el estado actual de los manglares en el país?

 -Los manglares están mucho más presionados y bajo amenaza permanente por el problema de los derrames de petróleo que han estado ocurriendo de forma frecuente en los últimos 3-4 años.

Si bien los derrames son prácticamente inevitables, el deber es mantener los planes de contingencia actualizados y a punto para que se ataquen de inmediato y se reduzca su impacto. Eso no se está haciendo.

Los ambientes de manglares son parte de los ecosistemas que están a lo largo de toda la costa. Es decir, al afectarlos, se afectan los otros.

Dependiendo del tipo de petróleo y dimensión del derrame, el efecto directo es una obstucción mecánica de los sistemas de resporación que tienen estos ecosistemas, por lo que puede haber una muerte inmediata. Si el derrame es de un tipo menos tóxico, las consecuencias se ven a más largo plazo, pero igualmente quedan afectados desde que ocurre.

El problema es que no los hemos podido estudiar en tiempos recientes. Actualmente son muy pocos los investigadores que pueden hacer estudios in situ, quienes lo hacen es porque viven cerca de los lugares de estudio.

A quienes estamos, por ejemplo, en Caracas, se nos hace difícil viajar a la zona insular, a oriente u occidente, por no poder garantizar el combustible y por la inseguridad durante los viajes y trabajo en campo.

Actualmente sigo trabajando con manglares, dando el curso de manejo de manglares, ahora con el Instituto de Ecología y ecosistemas terrestres de la UCV.

En el IPCC

Alicia Villamizar cuenta que estando en el Instituto de Recursos Naturales, en 1998, fue invitada a participar en la elaboración de los reportes del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) en el área de ambientes marinocosteros.

Desde ese día hasta hoy se ha mantenido vinculada al panel, en la actualidad como revisora experta del IPCC del resumen para responsables de políticas públicas del grupo de trabajo 2 (impacto, vulnerabilidad y adaptación), así como asesora para la escogencia de los investigadores que apoyan cada capítulo en los nuevos reportes.

Villamizar se siente orgullosa de su contribución por más de dos décadas a los reportes del IPCC, organización que fue premiada con el Nobel de la Paz en 2007, galardón compartido con el político y ambientalista Al Gore.

“Le debo muchísimo al IPCC, ha sido mi escuela tanto profesional como humana. Si he podido coordinar grandes reportes y proyectos en cambio climático es por mi experiencia en el panel”.

Ahora mismo está trabajando en la coordinación del II Reporte Académico en Cambio Climático de la Secretaría Académica de Cambio Climático de la Acfiman. “El hecho de que el Gobierno no tome en cuenta estos reportes, aunque sí los lee, no nos va a desanimar. Ya terminamos el borrador cero, estamos trabajando el borrador 1; terminaríamos el reporte en 2024”.

Atrasados en ciencia

¿Vale la pena dedicarse a la investigación científica en Venezuela, qué le diría a un joven para invitarlo a hacer ciencia?

-La repuesta normal sería que sí, por supuesto, el país necesita desesperadamente de recursos humanos formados en investigación.

En un país normal invitaría a los jóvenes a sumarse a los centros de inestigación, laboratorios, a formarse como generación de relevo. Pero en la situación actual, sería egoísta pedirle a un joven que se dedique a la investigación.

Lo veo en la USB, los cargos se liberan y no hay candidatos para los concursos. No tenemos forma de competir con otras universidades ni de retener en el país a los investigadores jóvenes que empiezan a formarse porque no tenemos con qué.

Lamentablemente, no estamos en un país normal.

Su gran anhelo, precisamente, es “recuperar nuestro país”. “Daría lo que fuera, todavía tengo muchas energías para poner el hombro en ciencia y tecnología, donde estamos tan atrasados, estamos en la cola de la cola, y eso se sabe en el exterior y es duro. Saben que no estamos haciendo investigación, que la diáspora a nivel profesional es una de las mayores del mundo, que no tenemos equipos…”

Una de las consecuencias del deterioro del país en los últimos años que más ha impactado su trabajo científico es la paralización de las salidas de campo, que desea retomar lo más pronto posible.

“Salía a campo cada dos meses, por una semana o más, con todo el equipo, rústico, siete estudiantes, técnicos. Mis cursos de ecología manglares eran los más esperados en la USB; los impartí hasta 2017. A partir de entonces fue imposible porque no tenemos la lista básica para retomar estas salidas que significan gastos en comida y alojamiento, además de combustible, seguridad y cobertura de imprevistos. Cuando no sales a campo no puedes tomar datos, hacer experimentos ni comparar con los simulados en laboratorio. No puedes dejar todo en una simulación, pero lamentablemente es lo que estamos haciendo ahora”.

¿Qué representa para usted ser miembro de la Acfiman?

-Pertenecer a la Academia es uno de mis más grandes orgullos. Lelys Bravo (Miembro Correspondiente Nacional) fue quien me invitó a acompañarla en un proyecto en la Acfiman y quedé fascinada por el nivel de los académicos y las discusiones, el protocolo y la solemnidad.

Después presentamos a la Acfiman la idea de hacer un trabajo similar al del IPCC en Venezuela; luego Lelys se fue del país y quedé yo hasta hoy en la Secretaría Académica de Cambio Climático.

El regaño del papá

Alicia Villamizar cuenta una anécdota de su papá, quien ya cumplió un año de fallecido.“Cuando estudiaba en la USB al regresar de las salidas de campo a veces no pasaba por el laboratorio, sino que llegaba directamente a mi casa y colocaba las muestras en la nevera. Un día mi papá abrió la nevera y cuando vio los frascos me regañó, que cómo se me ocurría, que iba a contaminar la comida. Después del regaño conseguí una cava para guardar las muestras”.

Era médico cardiólogo y siempre quiso que Alicia estudiara Medicina. “Me decía, no sé para qué estudia Biología, eso para qué sirve, pero después cuando comenzó a ver cómo iba creciendo y le preguntaba cosas como médico para comprender funcionamiento del organismo, cambió. Siempre fue muy agradable hablar con él sobre estos temas. Murió a los 97 años, creía que iba a vivir siempre”.

Su mamá tiene 90 años, “es un amor, tranquila, cariñosa, está bien físicamente aunque le falla la memoria temprana”.

Su hijo Héctor José está fuera del país. “Ya tenemos seis años sin vernos, espero que pronto pueda tener su pasaporte para reencontrarnos”.